Galería de la infamia: El Atlético Nacional
Pensaba en estos días que a todos los equipos del fútbol se les puede hallar algún tipo de encanto que permite entender las razones por las que sus hinchas decidieron seguirlos. También pensaba que todos los equipos tienen, me perdonaran esta fea palabra, una cierta alcurnia en cuanto a su hinchada y su trayectoria en el rentado nacional sin que esta este necesariamente ligada a sus éxitos deportivos.
Por ejemplo, es fácil de entender la pasión que sienten hacia sus equipos los hinchas del Unión, de Santa Fe y del DIM, tres equipos con alma, que saben a algo. También el Júnior, el Cali y hasta el América ("La Mechita") tienen sus hinchadas de toda la vida con miles de relatos; mitos; equipos fantásticos y desastrosos; gestas heroicas y maldiciones tipo la del "garabato". El Pereira, el Cúcuta, el Quindío y el Bucaramanga por haber sido durante tantas décadas representantes únicos de sus regiones tienen otra identidad, son diferentes pero no por eso merecen menos reconocimiento.
A lo que voy es que al analizar al Atlético Nacional uno se encuentra con que este equipo difícilmente puede ufanarse de nada. Antes de 1989 su historia y trayectoria es más bien insípida. Su hinchada hasta esa fecha jamás podrá compararse con la de su rival de patio. De hecho, hasta esa fecha el único hincha medio reconocido del Nacional era el "Care'enano" Luis Eduardo Arango gracias al gorrito que usaba su personaje William Guillermo en "Romeo y Buseta". No más. Todo cambió después del título de la copa de 1989 cuando el Nacional tuvo la suerte de ser exitoso en un momento en el que la sociedad colombiana se encontraba un poco desubicada y confundida lo que le permitió que muchos infantes y jóvenes de la época decidieran seguirlo. Pienso entonces que todos esos hinchas mediáticos sumados a los hinchas ignotos de antes de la copa forman una masa amorfa, Mediática e insípida. Es más, los rasgos que hoy en día se identifican como propios de un hincha del Nacional son los rasgos del paisa detestable; hampón, atravesado, "vivo" y acomodado. Diferente a lo que sucede con los hinchas de equipos como el DIM (también paisa), cuyos rasgos si tienen que ver con su equipo: perseverantes, fieles, nobles y abnegados. Esto me permite afirmar que el Nacional y su hinchada encarnan lo más indeseable, lo más nefasto que ha producido esta sociedad en todos los sentidos posibles en los últimos 20 años.
Es por esto que es mucho más difícil darle "una segunda oportunidad" a un hincha del Nacional. Cuando uno se topa con hinchas de cualquier otro equipo uno sabe que detrás de su "carácter balompédico" es posible encontrar una persona amable, decente y simpática. Con el Nacional es diferente, ser hincha del Nacional es sinónimo de haber pactado con el sistema; de haberle vendido el alma a esta sociedad de ladrones, fantoches y asesinos para ser un idiota útil más de ella; significa estar a gusto con el "status quo" y estar dispuesto a reproducirlo eternamente. Y si todo esto aplicaba antes de que el equipo fuera comprado por la organización Ardilla Lülle, imagínense después.
Creo que ser hincha del Nacional es lo mismo que ser hincha del sabor a chicle. Que feo es ser hincha del Atlético Nacional. POR:XEBAX |
Hablaremos un poco acerca de todo lo que significa desde un marco teórico el termino BARRISTA en nuestra sociedad colombiana, haremos un breve repaso por los primeros focos de violencia en el fútbol mundial y analizaremos desde una visión social el fútbol al que no se le debería atribuir la violencia como algo que va ligado.
¿Quién es barrista?
Espectadores son aquellos que van a los estadios para disfrutar de un partido que, de antemano, promete ser un buen espectáculo deportivo.
Hinchas son aquellos que se declaran partidarios de uno de los equipos, y tienen distintos grados de compromiso con el.
Barrista es aquel que presenta particularismos culturales que lo hacen distinto a las otras dos categorías, pudiendo constituir un grupo cultural claramente identificable.
El integrante típico de barras bravas es un varón de entre 14 y 25 años, aproximadamente, que encuentra en la organización de hinchas un espacio donde afirmar su identidad.
Y para que la barra pueda afirmar su diferencia, es necesario que sea indivisa, que se haga sentir como monolítica de tal manera que los miembros de la barra pueden enfrentar eficazmente el mundo de los enemigos.
Es el estadio el espacio conquistado por algunos de los barristas que se sienten marginados, en una búsqueda por constituirse en pueblo aparte, ya que estiman que no se los deja estar dentro de la sociedad en plenitud o no pueden estarlo por diferentes motivos al interior de su vida.
Presencia de la violencia no es cosa del presente barrista.
Varias investigaciones muestran evidencias bien tempranas de violencia en el fútbol, por ejemplo, un partido entre el Liverpool y el Manchester United tuvo que ser suspendido después de media hora de juego debido a la violencia en las gradas en 1912.
Aún siendo un fenómeno harto conocido, fue a partir de los años 60 cuando el "hooliganismo" se convirtió en un problema, y fue en particular durante la década de los 80 cuando las dimensiones de tal problema se salieron de órbita.
Por aquel entonces los hooligans se convirtieron en el símbolo del fútbol inglés, y hubo una época en que estuvo de moda ser hooligan, o parecer hooligan".
Inglaterra "lideró" sin duda el movimiento, que provocó varias tragedias, como la que tuvo lugar en el estadio de Hillsborough, en Sheffield, Inglaterra, en 1989, donde murieron al menos 93 personas durante una semifinal de la Copa FA, que enfrentaba al Liverpool y al Nottingham Forest.
Cuatro años antes, en el estadio belga de Heysel, en Bruselas, murieron 39 personas durante la final de la copa de Campeones de Europa, que enfrentaba a Juventus y Liverpool.
Como ocurrió con tantas otras modas inglesas -de índole más pacífica-, el comportamiento de los hooligans fue también modelo de exportación para los hinchas del fútbol de muchos otros países, convirtiéndose en un ejemplo para otros seguidores.
En America Latina, el fenómeno de las barras bravas es relativamente reciente: primero llegó a Argentina, y después se extendió por países como Colombia, Chile y Perú.
El modelo estético y el referente más claro que se toma del barrismo en Colombia fueron las barras argentinas, y ése fue el ejemplo a seguir, tanto por la estética como por los cánticos.
Sin embargo, el fenómeno de las barras bravas en Colombia no se percibe en los partidos de la selección nacional, concentrándose únicamente en los encuentros de la liga local.
En defensa del fútbol y su ligamiento con la violencia.
A pesar de la universalidad de los casos de violencia relacionada con el fútbol, el deporte en sí no debe considerarse el chivo expiatorio de todos lo males, y es injusto atribuir la violencia al fútbol.
La violencia no viene del fútbol, va a aparecer al fútbol. Pero el fútbol no es en sí un deporte violento. El fútbol padece las consecuencias de la acumulación de tensiones sociales, que estallan en las canchas de fútbol como estallan en muchos otros lugares.
Se puede quizás decir que el fútbol es una metáfora de la guerra. Tiene mucho de guerra danzada, de ceremonia de la guerra, de ritual de la guerra. Pero justamente como todo ritual, como toda ceremonia, es un exorcismo de la realidad. por: andres berrio |